Hoy la redacción de P4K le cuenta una historia. Una historia que está conmoviendo a todo el mundo. Una historia que nos sigue recordando que todavía existen estos terribles males en el mundo.

Esta es la historia de Letizia. Una niña de 17 años de la que, de un día para otro, no se tiene ninguna noticia. Su madre, Ioana, dijo que la última vez que la vio fue cuando salió de casa para ir a misa. O eso le había dicho…

Ioana no consigue contactarla y comienza a preocuparse. Teme que su hija fuera atraída por una de las muchas organizaciones criminales para ser traficada como prostituta.

Un miedo real que comienza a sentir cada vez más cercano.

Las noticias de Letizia dicen que huyó por amor, y ella misma le pide a la madre que retire las denuncias contra Bogdan, el chico con el que la madre cree que está y del que teme que esté involucrado en actividades criminales relacionadas con el tráfico de niños y mujeres.

Ioana insiste y, en colaboración con los carabinieri, la siguen buscando en Italia y también en Alemania, país natal del chico del que especula la madre.

Las fuerzas del orden todavía están investigando el caso. Hay demasiadas cosas que no están claras, como por qué se dice que Letizia se encuentra en Piacenza con la hermana y la madre de Bogdan, algo que Ioana no cree. Y es que, quizás, todos aquellos que han podido colaborar en esta situación no saben que han participado en un delito grave de sustracción de menores.

Hasta que los responsables lo aclaren, nosotros hacemos una reflexión.

Todos los días escuchamos noticias que nos hacen estremecer. Todos los días, los periódicos más famosos comparten noticias que hablan de niñas de 8 años que son drogadas, explotadas y violadas. No solo de la población local sino también de turistas sexuales del continente europeo (donde se estima que hay más de 80 mil).

Es cierto que hay grandes organizaciones internacionales, como la Organización de las Naciones Unidas. También es cierto que existe la Carta de los Derechos Fundamentales y que existe la Unión Europea con sus Tratados.

Sin embargo, en Protection4Kids, nos damos cuenta de que, a medida que aumentan las organizaciones internacionales, también aumentan los crímenes internacionales. Los protagonistas son siempre las personas más inocentes.

Esto nos lleva a hacernos algunas preguntas: ¿estamos seguros de que es suficiente hablar de derechos?

¿Estamos seguros de que es suficiente dejar todo en las manos de las organizaciones del gobierno público?

¿Estamos seguros de que existe algún político que se tomó este tipo de noticias verdaderamente en serio?

¿Realmente queremos seguir creyendo que la solución nos la tienen que dar los políticos?

¿Estamos seguros de estar protegidos por los Derechos Humanos?

Nosotros creemos que no. De hecho, estamos seguros de que todo lo anterior no es suficiente. Creemos que, una vez asumido el concepto de solidaridad, también es necesario imponernos un deber moral de actuar.

Detrás de la realización de un derecho siempre hay algo que hacer o no hacer y, entre estos casos de noticias y los terribles crímenes que involucran a menores, precisamente hay una cuestión de hacer. Aquí hay un deber de conducta.

Todos debemos comenzar a dejar de pensar que estos problemas los resolverán desde arriba, desde un político, una institución pública o desde la declaración de algún derecho fundamental.

Tenemos que hacerlo por nosotros mismos, para que cuando nuestros hijos en unos años nos pregunten “¿por qué no hicieron nada mientras sucedían estas cosas?”, no tengamos que responder “porque siempre creímos que alguien de arriba podría resolverlos por nosotros”.

Queremos responder que estuvimos activos y que actuamos. Lo hicimos en nombre de la solidaridad y del deber de actuar para conseguir la plena realización de los derechos fundamentales.

Tenemos que hacerlo porque estos crímenes, estas tragedias, se resuelven solo si todos hacemos una contribución activa.

Tenemos que hacerlo porque estos crímenes involucran a ciudadanos jóvenes de los que tenemos el deber de protegerlos.

Tenemos que hacerlo porque hoy son los hijos de otros, pero mañana podrían ser los nuestros.

La vida y la dignidad de un niño son un derecho fundamental y corresponde al deber de todos protegerlo.

Tenemos que hacerlo porque solo en una sociedad de solidaridad, basada en la participación activa, habrá un desarrollo completo de nuestra persona.

¡Basta de sólo hablar de derechos, en Protection4Kids vamos a llevarlos a cabo! ¿Se une?